HNA. ELSA INÉS CASTAÑEDA BLANCO



HERMANA ELSA INÉS CASTAÑEDA BLANCO

La realidad que vive la humanidad azotada por la pandemia, ha cobrado la vida de miles de personas, entre ellas, nuestra Hermana Elsa Inés Castañeda Blanco, víctima del contagio del virus Covid 19, transmitida por la persona adulta mayor, a quien servía con amor y misericordia, en Rivera del Fresno (Badajoz-España). Realmente pocos fueron sus días en el hospital en Cáceres (España) en donde este domingo 14 de febrero, entregó su alma a Dios. El pasado 30 de enero del año en curso cumplió sus Bodas de Oro, de consagración religiosa. Hoy las celebra con la comunidad del cielo, en compañía de todos los santos.

La Hna. Elsa, nació en Socotá, municipio de Boyacá, Colombia, el 24 de diciembre de 1945 en el seno de una familia de arraigadas costumbres cristianas. Ingresa a la Congregación de Dominicas Hijas de Nuestra Señora de Nazareth, a los 20 años de edad.

En estos 50 años de vida religiosa, con su vida ejemplar dio testimonio de su entrega al servicio del Señor, su amor a la Iglesia y a la Congregación.

Servir es amar

Con estas dos palabras: hacemos la síntesis de vida de nuestra muy querida Hermana Elsa Inés Castañeda Blanco. Su vida llegó al límite querido por Dios, un tiempo significativo de su consagración religiosa: 50 años; tiempo vivido en esta doble dimensión de Amar y Servir, porque para ella, Servir era Amar, y en esta actitud la encontró el Señor, con la mano en el surco: sirviendo.

Hermana Elsa Inés, comprendió desde el comienzo de su vida consagrada en la vida religiosa, que la mayor manifestación del amor de Cristo hacia nosotros, fue su amor y un amor hecho servicio, y con esta convicción y seguridad, ofreció su vida a servir a los más débiles, a los más necesitados a quienes amó y sirvió con bondad y generosidad. Su cercanía hacia estas personas mayores, hizo que ellas experimentaran en su vida el amor de Dios, se sintieran siempre amadas por Él. Hizo que encontrarán el sentido de sus vidas y el valor del sufrimiento.

El amor servicial de Jesucristo motivó toda la vida de la Hermana Elsa Inés; inspirada por Él, encontró en el trabajo desinteresado e impregnado de amor, la realización de su vida como bautizada y como religiosa. Misión noble, con profundo sentido evangélico, puesto que sirvió a Jesucristo en la persona de los pobres, haciendo vida la bienaventuranza que predicó Jesús en el sermón del monte: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5,7).

Jesucristo sirvió a la humanidad sufriente. Calmó el hambre de las multitudes que le seguían, sanó a los enfermos que le presentaban, pacificó los corazones atormentados y devolvió la vida a los muertos; sin embargo, el precio de todo esto, de su doctrina, fue su muerte ignominiosa en la cruz. El acontecer salvífico obrado en las personas que seguían a Jesucristo en su predicación, trascendió también la vida de la Hna. Elsa Inés, quien gastó su vida en la atención delicada y caritativa a los ancianos en las diferentes residencias que atiende la misión de la Congregación, un servicio cualificado, como merece la dignidad de esta población adulta mayor.

Bien podría decirse que la hermana Elsa ha sido "mártir de la Caridad"... Podría haberse "reservado"... Y así se lo indicó la Madre Provincial... Y ella prefirió "servir" en medio de la pandemia... Como Santa Micaela, que murió víctima del cólera... Como San Luis Gonzaga, que murió víctima de la peste... Esperamos en Dios que, junto a ellos, ¡goce de la Gloria del Cielo!

 

 

Una amor a prueba de Covid19:

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